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El estrés, un gran aliado

Juan García Ruiz
May 13th, 2020 · 6 min read
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El estrés no goza de una fama prodigiosa en la actualidad. No son pocas las publicaciones y las terapias destinadas a lidiar con el estrés. De hecho, el estrés es considerado por muchos la enfermedad del siglo XXI. Nada más lejos de la realidad: el estrés es una respuesta perfectamente adaptativa que permite preparar el organismo para hacer frente a una amenaza (o estímulo estresor, derivado del término anglosajón stressor), mientras que la patología a la que se hace referencia ordinariamente se denomina en realidad estrés crónico. Los estresores pueden ser de naturaleza emocional, pero también pueden provenir de la exposición a temperaturas extremas o de un ejercicio físico intenso (Shomu’s Biology, 2016). La respuesta de estrés puede ser desencadenada por acontecimientos cotidianos como la muerte de un ser querido, una mudanza, una carga de trabajo demasiado elevada o un despido. Dada la complejidad cognitiva del ser humano, el estrés de origen emocional puede variar de una persona a otra, puesto que depende no tanto del estímulo estresor en sí, sino de la evaluación subjetiva del mismo (Khan Academy, 2014). En pocas palabras, cualquier estímulo cuya aparición sea impredecible, que no pueda ser controlado, o que pueda ser interpretado como un peligro, puede considerarse un estresor (Penttila, 2014).

El estrés no es más que la preparación del organismo para la acción. De hecho, la respuesta fisiológica de estrés es también conocida como reacción de lucha o huida (del inglés fight or flight response). Imagina por ejemplo una liebre que decide descansar un rato tras alimentarse. Encontrándose el animal en un estado de reposo y consagrando su energía esencialmente a la digestión, aparece en escena un zorro. La supervivencia de la liebre depende en gran medida de su tiempo de reacción. En esta situación, la digestión deja de ser una prioridad y lo único que importa es concentrar toda la energía disponible en la huida. Es aquí donde entra en juego el estrés.

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Figura 1. "Foxes and hares", acuarela. Cortesía de Rachel McNaughton. Más en http://www.artbyrachel.co.uk/

Entiende el mecanismo del estrés

La percepción de un estresor activa una región situada en la zona central de la base del cerebro conocida como hipotálamo. A partir del hipotálamo, se originan dos respuestas:

  • El hipotálamo envía una respuesta nerviosa inmediata llamada respuesta simpática, cuya función es movilizar al organismo para la acción. La respuesta nerviosa parte del cerebro y desciende por la médula espinal: parte de las fibras nerviosas de la médula espinal alcanzan las glándulas adrenales (situadas sobre los riñones), donde liberan un neurotransmisor llamado acetilcolina y estimulan la liberación de adrenalina y noradrenalina en la sangre; otra parte de las fibras nerviosas terminan estimulando una serie de órganos efectores (incrementando la frecuencia cardíaca, orientando la irrigación sanguínea hacia los músculos esqueléticos, o dilatando las pupilas para focalizar la atención visual, por ejemplo) gracias a la liberación de, una vez más, noradrenalina. En pocas palabras, al final de esta primera respuesta inmediata, hay un incremento de adrenalina y noradrenalina en sangre (sus efectos son detallados más abajo), y diferentes efectores se ponen en marcha para hacer frente al peligro (CrashCourse, 2015).
Aclaración: la noradrenalina liberada en la sangre durante la primera parte de la respuesta simpática es considerada una hormona (es secretada por una glándula al torrente sanguíneo, a través del cual es transportada para llegar a una célula de destino, sin importar la distancia con respecto al lugar de su liberación), mientras que la noradrenalina liberada en los órganos efectores es considerada un neurotransmisor (es secretada por una neurona y actúa en el lugar inmediato de liberación, siendo su efecto mucho más rápido).
  • Además de la respuesta simpática inmediata, el organismo pone en marcha una respuesta más lenta (unos treinta minutos tras la percepción del estresor) que permite mantener el organismo alerta ante una potencial reaparición del evento estresante. Esta respuesta consiste en la estimulación de las glándulas adrenales, pero llega con cierto desfase dado que pasa por la activación intermedia de una estructura cerebral llamada hipófisis, situada en la base del cerebro junto al hipotálamo. De esta forma, el hipotálamo estimula la hipófisis mediante la liberación de una hormona llamada corticotropina (CRH). Por su parte, la hipófisis libera la hormona adrenocorticotropa (ACTH), estimulando así las glándulas adrenales. La estimulación de las glándulas adrenales desencadena la liberación de adrenalina y noradrenalina, como en la respuesta inmediata, pero también permite la secreción de cortisol (BrainFacts, 2012; Shomu’s Biology, 2016).
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Figura 2. Cronología de los eventos hormonales principales que ocurren tras la percepción de un estímulo estresor.

La respuesta hormonal: efectos de la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol

La adrenalina y la noradrenalina son liberadas en la sangre inmediatamente tras la percepción de un estresor y regulan la respuesta al estrés de numerosos órganos. La eficacia del transporte y la llegada de estas hormonas a los órganos de destino se explica gracias a la activación simpática de los efectores que ocurre simultáneamente a su secreción. Así, el aumento de la frecuencia cardíaca o de la presión sanguínea favorecen el flujo circulatorio y la distribución de la adrenalina y la noradrenalina.

La adrenalina y la noradrenalina son capaces de unirse a ciertas proteínas situadas en la superficie de las células del hígado, enviándoles una señal para que comiencen a descomponer glucógeno (que no es más que una cadena compuesta por numerosas moléculas de glucosa) poniendo la glucosa a la disposición de las células (Wikipedia contributors, 2020). La glucosa pasa al torrente sanguíneo y es eficazmente distribuida a los diferentes tejidos del cuerpo gracias al aumento de la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea (Khan Academy, 2014). Este glúcido puede ser considerado como la gasolina de las células, puesto que su metabolismo permite generar ATP, molécula conocida como “la moneda energética celular” (todas las células son capaces de utilizar su energía).

La adrenalina y la noradrenalina no solo facilitan la recuperación de energía de la glucosa, sino que hacen que la distribución y el aprovechamiento de la misma sea lo más eficiente posible. Para ello, estas hormonas se unen a los receptores de las células del corazón y provocan un aumento de la frecuencia cardíaca. De esta forma, la sangre fluye más rápido y puede transportar la glucosa a las células lejanas en un menor tiempo. Asimismo, la adrenalina y la noradrenalina se fijan sobre los receptores de las células de los pulmones y provocan un aumento del ritmo respiratorio (Bozeman Science, 2012). Esto hace que aumente la cantidad de oxígeno disponible para el metabolismo de la glucosa y la obtención de energía. En efecto, el oxígeno es necesario para completar la cadena de reacciones metabólicas que permite a las células funcionar (y es de hecho la razón por la que respiramos).

Por otra parte, estas hormonas permiten redistribuir el flujo sanguíneo de forma que las células necesarias para responder ante el estrés reciban una irrigación sanguínea mayor (por ejemplo las del tejido muscular, para desencadenar una respuesta de huida), y aquellas que no son necesarias, como las del intestino implicadas en la digestión, reciban una irrigación menos importante (Bozeman Science, 2012).

La adrenalina, la noradrenalina y la respuesta nerviosa simpática inmediata permiten reaccionar rápidamente ante un estímulo estresor, movilizando la energía en aquellos órganos necesarios para responder, y desatendiendo aquellos que son menos necesarios en ese instante.

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Figura 3. Distribución de la adrenalina y la noradrenalina y efectos.

El cortisol, liberado con cierto desfase tras la percepción del estresor, regula numerosas funciones fisiológicas (Shomu’s Biology, 2016). De forma similar a la adrenalina y la noradrenalina, el cortisol tiene un efecto hiperglucemiante (Hasudungan, 2017): esto lo hace, por una parte, generando nuevas moléculas de glucosa (neoglucogénesis), y por otra parte descomponiendo el glucógeno. Así, el cortisol permite igualmente el abastecimiento de energía de las células.

El abastecimiento celular de glucosa es especialmente eficiente en presencia de cortisol, puesto que otra de sus funciones consiste en mejorar la comunicación cardiovascular (BrainFacts, 2012). El cortisol puede favorecer la vasoconstricción, haciendo que ciertos vasos sanguíneos disminuyan su diámetro de forma que la irrigación sanguínea sea menor en ciertas zonas no necesarias para responder. En la misma linea, el cortisol puede inhibir la respuesta inmunitaria, dado que ésta requiere una cantidad de energía importante y no es necesaria para responder ante un estímulo estresor. Por otra parte, el cortisol favorece la liberación de aminoácidos, que son las piezas elementales que componen las proteínas, y estos son utilizados para reparar los tejidos dañados (Khan Academy, 2014; Shomu’s Biology, 2016).

En resumen, el cortisol constituye una respuesta adicional ante el estrés, favoreciendo igualmente el abastecimiento energético de las células, concentrando la energía en los órganos esenciales para responder e impidiendo que el organismo baje la guardia.

Aclaración: si bien la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol son los mensajeros más importantes en la respuesta de estrés, no son los únicos. Por ejemplo, la aldosterona está implicada en la retención de agua y sodio (Hasudungan, 2017), lo que permite evitar la deshidratación en situaciones de emergencia.

Mensaje para llevarse a casa

A lo largo de la historia evolutiva, los animales se han visto expuestos a una infinitud de amenazas. Esta eterna exposición ha ido perfilando la respuesta del organismo. El estrés no es más que un conjunto de respuestas coordinadas inmediatas cuyo objetivo es mantener la integridad física del organismo. Los principales mensajeros celulares de esta respuesta son la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, que actúan en consonancia con el sistema nervioso simpático haciendo que el aprovechamiento energético de la glucosa sea más eficiente y obligando al organismo a posponer todas las actividades que no resultan esenciales para ponerse a salvo.

Bozeman Science. (2012, enero 10). Fight or Flight Response. Recuperado 13 de mayo de 2020. Fuente

BrainFacts. (2012, abril 1). The role of glucocorticoids. Recuperado 11 de mayo de 2020. Fuente

CrashCourse. (2015, abril 13). Sympathetic Nervous System. Recuperado 14 de mayo de 2020. Fuente

Hasudungan, A. (2017, enero 16). Endocrinology - Adrenal Gland Hormones. Recuperado 12 de mayo de 2020. Fuente

Khan Academy. (2014, abril 2). Physical effects of stress. Processing the Environment. Recuperado 12 de mayo de 2020. Fuente

Khan Academy. (2014, abril 2). Responding to stress. Processing the Environment. Recuperado 12 de mayo de 2020. Fuente

Khan Academy. (2014, abril 2). What is stress? Processing the Environment. Recuperado 12 de mayo de 2020. Fuente

Penttila, N. (2014, septiembre 23). Stress and the Brain. Recuperado 12 de mayo de 2020. Fuente

Shomu’s Biology. (2016, noviembre 16). Stress response physiology. Recuperado 11 de mayo de 2020. Fuente

Wikipedia contributors. (2020, abril 15). Adrenaline. Recuperado 11 de mayo de 2020. Fuente

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